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domingo, 18 de octubre de 2026

Los fracasados

Según la Real Academia Española, el término fracaso se define como el «malogro, resultado adverso de una empresa o negocio» o un «suceso lastimoso, inopinado y funesto».

Asimismo, puede referirse a la «caída o ruina de algo con estrépito y rompimiento». En este contexto, «caída» se entiende como «derrota, hundimiento o fracaso», mientras que «estrépito» alude a un ruido considerable.

El fracaso se entiende comúnmente como lo opuesto al éxito, representando resultados adversos, derrotas o caídas en diversos ámbitos.

El fracaso se puede definir como el resultado de una acción que no cumple con las expectativas, normativas o metas preestablecidas.

El fracaso se asocia con no cumplir con lo deseado.

 Su origen proviene del bajo latín «fracassare», que significa «quebrar algo en pedazos», sugiriendo que el fracaso está relacionado con accidentes inesperados y con consecuencias negativas.

Aunque puede tener connotaciones muy distintas según el contexto, en la cultura contemporánea capitalista, el fracaso se asocia a menudo con la falta de éxito personal, llevando incluso al uso del término «fracasado» como insulto. Sin embargo, no todos los fracasos implican responsabilidad individual. Esto es muy frecuente hoy en día.

En ciertos ámbitos, como la medicina, se considera el fracaso como un fenómeno sistémico, sin señalar culpabilidades.

Además, el miedo al fracaso, conocido como atychiphobia, puede paralizar a las personas, impidiéndoles tomar riesgos que podrían llevar al éxito.

Hay distintos tipos de fracasos: fracasos profesionales, fracasos de vida, fracasos matrimoniales, fracasos empresariales, fracasos escolares, fracasos amorosos, fracasos sociales, fracasos políticos, fracasos literarios …

Me he detenido a considerar como entiende a los fracasados un gran escritor español Azorín (1873-1967), perteneciente a la afamada Generación del 98, generación literaria. Azorín fue gran periodista y gran escritor español, pero que en sus comienzos tuvo una serie no pequeña de fracasos. A pesar de ello no renunció nunca a su vocación y a pesar de las muchas dificultades siguió adelante con su vocación de escritor toda su vida.

Azorín es autor de una gran e importante obra literaria con nueve volúmenes de Obras Completas. Pues bien, como decía me he detenido en una obra suya del año 1946, titulada Memorias Inmemoriales, aquí en el capítulo XXXVI con título Los fracasados y en este pequeño capítulo, vamos a entresacar literalmente sus ideas sobre los fracasados, tenía Azorín cuando escribe esta obra setenta años:

Cuando veo alguno de esos seres a quienes llaman fracasados, me siento atraído hacia él.

Sí, este hombre con el traje raído, con los zapatos maltratados, con sombrero grasiento, es un fracasado de la vida. Y junto a él estoy yo. De una parte está el formidable poder del dinero y de otra el fracasado.

Sabes que uno de mis odios latentes e irreductibles es el odio al poder del dinero; he imaginado que la orientación de la vida depende de si se tiene miedo a la pobreza o no se tiene miedo. De si se tiene miedo a la soledad, que acompaña a la pobreza, o no se tiene.

Cuando el escritor siente el miedo a la pobreza, como lo sentía Juan Valera, sus cartas lo atestiguan, se ansía el elogio del libro, el elogio a toda costa y sea el que sea.

Y ¡qué cosa tan terrible es el ansiar un elogio para la obra que con toda conciencia para nosotros mismos, hemos escrito¡.

Ante el fracasado con su pobre indumento, pienso yo en un niño o en un adolescente que han inspirado fundadas esperanzas; las tienen sus deudos y las tiene él; todo serán para él en la vida, cuando sea hombre, felicidades sin cuento. Todo le sonríe ahora. Y si hay que hacer en su pro sacrificios, los hace con gusto la familia. El porvenir es seguro. Un ambiente de simpatía rodea al niño o al adolescente. Y el tiempo va pasando. El tiempo pasa y no llegan los triunfos. El tiempo pasa y la desilusión se hace en torno al hombre. Acaso ya los padres de este hombre han muerto; ha muerto la madre, que era naturalmente, la más solicita, la más esperanzada. No podrá ver, con angustia, cómo los halagüeños augurios no se cumplen. Y llega el instante en que el resto de las esperanzas se desvanece. El que parecía que iba a levantarse sobre la masa, se sume en la masa.

Esos fracasados, son, por tanto, el precio de lo esencial. No existiría lo eminente si no existieran, como escorias los fracasados. Tu filosofía no me convence.(En referencia a su interlocutor).

Hacia el fracasado van mis manos. Y hacia los perseguidos.

Nunca en mi vida he escarnecido yo el mediocre libro de un fracasado.

Y pocas veces me he negado a amparar a un perseguido.

No; pensamiento en lo futuro, en un futuro semejante al desgraciado de hoy, amparado por mí, no.

Todos, en realidad, somos fracasados. Nadie podrá decir que no ha fracasado en algo. Aún los más afortunados, llevan dentro -Goethe, por ejemplo, un secreto fracaso.

Los clásicos decían al finalizar algún asunto: Magister dixit, el maestro ha dicho, y por consiguiente, ningún comentario por mi parte.

 


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