Los fracasados
Según la Real Academia Española, el término fracaso se define como
el «malogro, resultado adverso de una empresa o negocio» o un «suceso
lastimoso, inopinado y funesto».
Asimismo, puede referirse a la «caída o ruina de
algo con estrépito y rompimiento». En este contexto, «caída» se entiende como
«derrota, hundimiento o fracaso», mientras que «estrépito» alude a un ruido
considerable.
El fracaso se entiende
comúnmente como lo opuesto al éxito, representando resultados adversos,
derrotas o caídas en diversos ámbitos.
El fracaso se puede
definir como el resultado de una acción que no cumple con las expectativas,
normativas o metas preestablecidas.
El fracaso se asocia con
no cumplir con lo deseado.
Su origen proviene del bajo latín
«fracassare», que significa «quebrar algo en pedazos», sugiriendo que el
fracaso está relacionado con accidentes inesperados y con consecuencias
negativas.
Aunque puede tener
connotaciones muy distintas según el contexto, en la cultura contemporánea
capitalista, el fracaso se asocia a menudo con la falta de éxito personal,
llevando incluso al uso del término «fracasado» como insulto. Sin embargo, no
todos los fracasos implican responsabilidad individual. Esto es muy
frecuente hoy en día.
En ciertos ámbitos, como
la medicina, se considera el fracaso como un fenómeno sistémico, sin señalar
culpabilidades.
Además, el miedo al
fracaso, conocido como atychiphobia, puede paralizar a las personas,
impidiéndoles tomar riesgos que podrían llevar al éxito.
Hay distintos tipos de
fracasos: fracasos profesionales, fracasos de vida, fracasos matrimoniales,
fracasos empresariales, fracasos escolares, fracasos amorosos, fracasos
sociales, fracasos políticos, fracasos literarios …
Me he detenido a
considerar como entiende a los fracasados un gran escritor español Azorín
(1873-1967), perteneciente a la afamada Generación del 98, generación
literaria. Azorín fue gran periodista y gran escritor español, pero que en sus
comienzos tuvo una serie no pequeña de fracasos. A pesar de ello no renunció nunca
a su vocación y a pesar de las muchas dificultades siguió adelante con su
vocación de escritor toda su vida.
Azorín es autor de una
gran e importante obra literaria con nueve volúmenes de Obras Completas.
Pues bien, como decía me he detenido en una obra suya del año 1946, titulada Memorias
Inmemoriales, aquí en el capítulo XXXVI con título Los fracasados y en
este pequeño capítulo, vamos a entresacar literalmente sus ideas sobre los
fracasados, tenía Azorín cuando escribe esta obra setenta años:
Cuando veo alguno de esos
seres a quienes llaman fracasados, me siento atraído hacia él.
Sí, este hombre con el
traje raído, con los zapatos maltratados, con sombrero grasiento, es un
fracasado de la vida. Y junto a él estoy yo. De una parte está el formidable
poder del dinero y de otra el fracasado.
Sabes que uno de mis
odios latentes e irreductibles es el odio al poder del dinero; he imaginado que
la orientación de la vida depende de si se tiene miedo a la pobreza o no se
tiene miedo. De si se tiene miedo a la soledad, que acompaña a la pobreza, o no
se tiene.
Cuando el escritor siente
el miedo a la pobreza, como lo sentía Juan Valera, sus cartas lo atestiguan, se
ansía el elogio del libro, el elogio a toda costa y sea el que sea.
Y ¡qué cosa tan terrible
es el ansiar un elogio para la obra que con toda conciencia para nosotros
mismos, hemos escrito¡.
Ante el fracasado con su
pobre indumento, pienso yo en un niño o en un adolescente que han inspirado
fundadas esperanzas; las tienen sus deudos y las tiene él; todo serán para él
en la vida, cuando sea hombre, felicidades sin cuento. Todo le sonríe ahora. Y
si hay que hacer en su pro sacrificios, los hace con gusto la familia. El
porvenir es seguro. Un ambiente de simpatía rodea al niño o al adolescente. Y
el tiempo va pasando. El tiempo pasa y no llegan los triunfos. El tiempo pasa y
la desilusión se hace en torno al hombre. Acaso ya los padres de este hombre
han muerto; ha muerto la madre, que era naturalmente, la más solicita, la más
esperanzada. No podrá ver, con angustia, cómo los halagüeños augurios no se
cumplen. Y llega el instante en que el resto de las esperanzas se desvanece. El
que parecía que iba a levantarse sobre la masa, se sume en la masa.
Esos fracasados, son, por
tanto, el precio de lo esencial. No existiría lo eminente si no existieran,
como escorias los fracasados. Tu filosofía no me convence.(En
referencia a su interlocutor).
Hacia el fracasado van
mis manos. Y hacia los perseguidos.
Nunca en mi vida he
escarnecido yo el mediocre libro de un fracasado.
Y pocas veces me he
negado a amparar a un perseguido.
No; pensamiento en lo
futuro, en un futuro semejante al desgraciado de hoy, amparado por mí, no.
Todos, en realidad, somos
fracasados. Nadie podrá decir que no ha fracasado en algo. Aún los más
afortunados, llevan dentro -Goethe, por ejemplo, un secreto fracaso.
Los clásicos decían al
finalizar algún asunto: Magister dixit, el maestro ha dicho, y por
consiguiente, ningún comentario por mi parte.
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