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domingo, 14 de junio de 2020

Los doce mayores bienes de este mundo


Los doce mayores bienes de este mundo

Los doce mayores bienes de este mundo o las doce mayores riquezas de la persona en la vida fueron escritas por el estadounidense Napoleón Hill en 1928 en su libro Piense y hágase rico. En inglés el título del libro fue: Think and grow rich (1928).

Libro que tuvo gran éxito, ha sido leído por más de diez millones de personas y sigue leyéndose. Es un libro clásico en la filosofía del éxito o como Hill llama la ciencia de la realización personal.

Sin más dilación las doce mayores riquezas de las personas en la vida son:

-Una actitud mental positiva

-Una buena salud física

-Armonía en las relaciones humanas

-Liberación de todas las formas de temor

-Esperanza de futuras realizaciones

-Capacidad de fe

-Disposición para compartir los beneficios

-Una labor de amor como ocupación

-Una mente abierta a todos los intereses

-Dominio de sí mismo en todas las circunstancias

-Capacidad para comprender a los demás

-Tener dinero suficiente

Se observará fácilmente que estas doce riquezas de las personas son actitudes o capacidades a ir desarrollando. Para después aplicar estas actitudes a la consecución de metas concretas que elija cada persona. Por ejemplo crear una empresa, ser médico, deportista, funcionario…

Napoleón Hill insiste con reiteración que estas riquezas o actitudes deben llevar asociadas la paz mental de la persona. Y destaca que ha colocado el dinero en último lugar porque aunque poco es necesario para cualquier actividad.

El autor advierte seriamente que: “El dinero puede comprar muchas cosas, menos la paz de ánimo”,  pero “puede ayudarle a encontrar dicha paz” e insiste  en que: “Ni el dinero ni ninguna otra cosa le podrán proporcionar una paz verdadera, a menos que inicie la jornada en lo hondo de usted mismo”.

La finalidad del libro para Hill es: “Mi libro no trata meramente de cómo ganar dinero. Pero mi libro también quiere mostrarle a usted hacia dónde va y como serán las cosas cuando usted llegue a su meta. Le ayuda a asumir actitudes correctas desde un principio”.

¿Quién es Napoleón Hill?

Nace en 1883, en una cabaña de troncos que tenía un solo  aposento, en las montañas Blue Ridge en Pound  (Virginia). Muere en 1970.  Fue un escritor, considerado el autor de autoayuda y superación más prestigioso del mundo. Fue asesor de varios presidentes de Estados Unidos: Woodrow Wilson y Franklin Delano Roosevelt. Su libro Piense y hágase rico es uno de los libros más vendidos del mundo. Llegó también a ser millonario.

En su adolescencia trabajó como periodista para poder pagarse sus estudios de leyes en la Universidad de Georgetown. El gobernador de Tennessee Robert L. Taylor, propietario del periódico Bob Taylor´s Magazine le contrató para que escribiera semblanzas de hombres célebres y al primero que entrevistó fue a Andrew Carnegie Hill, el poderoso magnate del acero. 

A su vez Andrew Carnegie contrató a Napoleón Hill durante veinte años para que escribiera sobre una fórmula de éxito que sirviera al hombre sencillo en su camino de  progreso.

Entrevistó a 504 personajes del mayor éxito en los Estados Unidos, entre ellos figuran: Ford, Wrigley, Wanamaker, Morgan, Firestone…

Creó la Napoleón Hill Foundation de carácter educativo, sin ánimo de lucro.

miércoles, 10 de junio de 2020

Cinco sencillos hábitos para mejorar tu autoestima


Se llama autoestima al amor propio, al respeto hacia uno mismo, a la sensación, en definitiva, de encontrarse a gusto en el pellejo que nos ha tocado vivir y es este uno de los pilares más importantes de la estabilidad emocional de una persona.

Hay veces en que somos nuestro peor enemigo y nos sentimos mal por dar rienda suelta a nuestro lado malo, ceder a lo negativo, ceder a lo fácil y a lo inferior.

Los motivos por los que la autoestima se ve afectada a veces son múltiples y muy variados, pero casi siempre se derivan de la presión que el entorno social ejerce sobre nosotros y que a algunos afecta demasiado por la falta de confianza en uno mismo, o por decepciones de índole sentimental, o por otras muchas razones.

Si te encuentras en un período en que lo estás pasando mal, porque no te valoras lo suficiente.  Puedes comenzar a paliar esa ansiedad fomentando una serie de pensamientos positivos, que te ayudarán a empezar a ver las cosas de una forma distinta. Todos ellos comparten un mismo objetivo: impedir que tu lado negativo le gane la partida al lado optimista o positivo.

Para volver a sentirte dominador, realiza estos sencillos hábitos

Para sentirte con dominio de ti mismo, sentirte lleno de  poder para dominar cualquier circunstancia, te proponemos comenzar con estos cinco sencillos hábitos, con estas cinco sencillas rutinas:

-Replica ante lo que no te convence, lleva la contraria

No se trata de buscar siempre la polémica, habrá cosas en las que coincidas con los demás. Pero si hay algo en que no lo haces, no te lo guardes: lleva la contraria, expresa tu disconformidad, pero recuerda, siempre con empatía y respeto por las posiciones diferentes.

Alzar nuestra voz por encima de la de los demás, hacernos escuchar para expresar nuestra forma de entender determinado problema, es algo que a muchos les cuesta horrores, porque durante ese breve lapso de tiempo en que nos estemos explicando, toda la atención recaerá sobre nosotros. Ni lo pienses. Olvídate del miedo a equivocarte, todos lo hacemos. Lo importante es aprender a defender nuestras ideas y valores.

 -Haz más deporte

Es un hecho: la opinión que guardamos de nuestra propia apariencia nos influye a la hora de movernos por la vida con mayor seguridad. Si no nos gusta mirarnos en el espejo y ver que estamos en baja forma, ¿no deberíamos entonces hacer algo para remediarlo?.

Así que líbrate de la pereza y comienza a sudar la camiseta. Verás como empiezas a sentirte reconfortado muy rápidamente. Hacer ejercicio estimula de inmediato la liberación de endorfinas, que son las moléculas que favorecen la sensación de bienestar.

En este punto se pueden incluir otras muchas acciones que pueden ayudarte a verte mejor a ti mismo. ¿Te apetece un cambio de "look", de aspecto? Podrías hacerte un nuevo corte de pelo, por ejemplo. ¿No te gusta la ropa que llevas? Pues no lo pienses más y renueva tu armario. Te mereces verte bien a ti mismo.

-Deja de buscar la aprobación de los demás

Un montón de cosas las hacemos pensando en cómo las percibirá nuestro entorno. A veces nos vestimos para gustar a los demás y buscar sus halagos y su atención, y al no conseguirlo nos frustra. Otras, nos apuntamos a la última moda con reticencias, solo por no quedarnos fuera de onda. Nos callamos nuestros pensamientos por miedo a que no sean aceptados. Incluso podemos acabar abandonando nuestras aspiraciones por darnos cuenta que no reciben reconocimiento social.

Haz una cosa. Empieza a plantearte por qué haces eso que estás haciendo. ¿Es porque tú quieres, o es para agradar a los demás? Si resulta que caes en la cuenta de que efectivamente te mueves por la búsqueda de la aprobación externa, y no te gusta esa idea, deberías abandonar ese pesado hábito y comenzar a actuar en función de lo que te apetezca o te agrade.

Relaciónate más, pero libérate de la gente tóxica

Hay gente negativa que puede ser realmente persuasiva y contagiarte el mal rollo. Gente pesimista que con sus observaciones impertinentes probablemente consiga que tu autoestima se reduzca. No dejes que esas personas te coman la moral. Ahí fuera hay un montón de gente buena. Si crees que no conoces a nadie así, entonces deberías involucrarte en ocupaciones nuevas que te ayuden a conocerla.

Apuntarse a alguna actividad, como aprender un idioma o ir al gimnasio, o retomar el contacto con aquel amigo del que te distanciaste tiempo atrás sin un motivo de peso, pueden ser buenas maneras de conocer a gente para empezar a llevar una vida más social.

Relacionarse es la mejor manera que hay para relajarse, para divertirse, también para recibir apoyo emocional y liberarse de cargas y tensiones o aprender lo que los demás pueden enseñarnos.

-Acepta tus defectos

Todos tenemos esta o aquella cosa que nos gustaría cambiar. Nadie es perfecto. A veces incluso acabamos aceptando, dándonos cuenta de que eso que nos molestaba era una tontería. Hasta puede ser que sea nuestra marca, eso que nos identifica de los demás.

Deberías dejar de ser tan perfeccionista con respecto a ti mismo. Ser ambicioso es bueno, pero siempre cuando se parta de un punto de aceptación y no se convierta en algo obsesivo. Hay que ser realista, aceptar nuestras limitaciones y defectos. Una vez los hayamos identificado y asumido con naturalidad, podremos empezar a trabajar en mejorarlos, con esfuerzo, tesón y constancia, pero sin obstinación.


domingo, 31 de mayo de 2020

La felicidad algunos la ven así...

 La felicidad algunos la ven así...

Todas las personas desean ser felices, esto vale para el presente, para el pasado y también para el futuro. 

Hay una cuestión importante en el tema de la felicidad, que es que cada uno entiende por felicidad algo diferente a los demás y quizás también algo común. 

En cualquier caso es un tema importante, siempre susceptible de análisis.

Algunos pensadores a lo largo de la historia la han visto y analizado de esta manera:

La felicidad o la infelicidad de un hombre no depende de cuántas propiedades tiene o el oro que gana. La felicidad o la miseria está en nuestro espíritu.                                                            

                                                                        Demócrito de Adera

 La felicidad consiste en hacer el bien.
                                                                         Aristóteles                                                       
Sólo hay felicidad donde hay virtud y esfuerzo serio, pues la vida no es un juego.
                                                                         Aristóteles
Hay que determinar, pues, primero lo que apetecemos; luego se ha de considerar por dónde podemos avanzar hacia ello más rápidamente, y veremos por el camino, siempre que sea el bueno, cuánto se adelanta cada día y cuánto nos acercamos a aquello a que nos impulsa un deseo natural”                                                                          
                                                                         Séneca
La verdadera felicidad no viene de fuera, brota del interior.
                                                                         Mahatma Gandhi
Es evidente que la felicidad depende, en parte, de las circunstancias y, en parte, de uno mismo.
                                                                         Bertrand Russell
Nuestro esfuerzo debiera, pues, tender, tanto en la educación como en las relaciones sociales, a evitar las pasiones egocéntricas y a la adquisición de afectos e intereses que impidan a nuestro pensamiento encerrarse perpetuamente dentro de sí mismo. Los hombres no son felices en una prisión,  y las pasiones encerradas dentro de nosotros mismos constituyen la peor de las prisiones. Las pasiones más corrientes son el miedo, la envidia, la sensación de pecado, el desprecio de sí mismo y la propia admiración. En todas ellas, nuestros deseos son egocéntricos; no existe un interés verdadero por el mundo exterior.                                                                                                                                                                   Bertrand Russell
Vivir es la suma dificultad. La sustitución del mundo por el paraíso es la más peligrosa tentación del hombre respecto a su felicidad.
                                                                          Julián Marías
Aquello a lo que se le dice “sí”, aquello con lo cual coincidimos, que sentimos como nuestra inexorable realidad, sin la cual no somos nosotros.
                                                                          Julián Marías
Cada uno es artífice de su propia felicidad.
                                                                          Enrique Rojas
El secreto de la felicidad no está en hacer siempre lo que se quiere, sino en querer siempre lo que se hace.
                                                                          León Tolstoi
Si quieres comprender la palabra felicidad, tienes que entenderla como recompensa y no como fin.
                                                                          Antoine de Saint-Exupery
La fuente de la felicidad se halla dentro de nosotros, en nuestra mente, y podemos acceder a ella siempre que lo deseemos. ¡Qué curioso que el hombre caiga en la misma trampa mental pese al paso de los siglos!. El bienestar emocional no se halla en logros externos, pero muchas veces caemos en ese error porque confundimos… ¡el bizcocho con las guindas! […] la felicidad no depende de logros o situaciones ideales, sino de nuestra salud mental.                                                         
                                                                          Rafael Santandreu
 El éxito no es la clave de la felicidad, la felicidad es la clave del éxito.
                                                                          Wayne Dyer
Hay mucha gente equivocada respecto a lo que constituye la verdadera felicidad. No se consigue con la ayuda de la gratificación personal, sino manteniéndose fiel a un propósito que merezca la pena.
                                                                           Hellen Keller
La suprema felicidad de la vida es saber que eres amado por ti mismo o, más exactamente a pesar de ti mismo.
                                                                           Victor  Hugo



Día Internacional de la Felicidad


El 20 de marzo se celebra el Día Internacional de la Felicidad

Resumen de prensa

¿Pero somos realmente felices?

Ser feliz es un concepto tan relativo como complicado. Si nos preguntamos realmente qué es ser feliz, cada persona responderá algo distinto. Y es que para alcanzar la felicidad hay un camino para cada individuo, dependiendo de cuáles sean sus aspiraciones. Hay para quien la felicidad es tener salud, vivir en pareja o tener una familia y hay para quien supone tener mucho dinero, un buen trabajo o éxito profesional. Todo es relativo y todo es respetable porque como se suele decir, hay para todos los gustos.

Sin embargo, los estudios revelan que hay un importante porcentaje de la población que no se considera feliz. Una sensación en la que intervienen numerosos factores de los que la frustración es uno de los más notorios. Y es que, ¿acaso sabemos hacer frente a la frustración? Seguramente la mayoría responda que no. Pese a ser una de las emociones más comunes, no sabemos controlarla y por consiguiente, tenemos una baja tolerancia a ella. 

Las expectativas no alcanzadas son el principal motor de esta frustración, que nos impide alcanzar la felicidad. Sin embargo disfrutamos de otras cosas que, pese a no figurar de forma consciente en el listado de nuestros objetivos a alcanzar, sí son logros que deberían hacernos sentir bien.

Normalmente la frustración está más presente en personas que necesitan tener todo bajo control y que en algún momento sienten que no pueden hacerlo, pero también en personas incapaces de soportar los momentos difíciles de la vida. Sin embargo, esto es algo que se puede frenar y controlar. ¿Cómo? Con paciencia y poniendo en práctica las siguientes cosas: Asumir que aunque deseemos que pase algo, no es una necesidad y no tiene porqué realizarse inmediatamente; reconocer la frustración y analizar el porqué de su aparición; asumir que hay cosas que se escapan a nuestro control y que no pasa nada grave por ello; concienciarnos de que nadie es perfecto, así que nosotros tampoco; y lo más importante, tener paciencia. 

Pero hay otros enemigos que impiden alcanzar la felicidad o el bienestar emocional,  y que no podemos perder de vista.

La psicóloga clínica Marina Bassas Vivó, miembro de Top Doctors,  los detalla:

Control emocional. Es imprescindible saber gestionar las emociones, tomando conciencia de que las personas somos mucho más que las diferentes emociones que experimentamos en determinados momentos, y de esta forma, conseguir que las emociones no nos esclavicen y dominen nuestra vida. Por ejemplo, cuando estamos enfadados y sentimos ira destruimos y somos capaces de hacer cosas que en un estado de relajación jamás hubiéramos hecho.

La ignorancia. Las personas inteligentes se tratan bien a sí mismos y en consecuencia tratan bien a los demás.

Los pensamientos negativos o creencias limitadoras. Hay que aprender a detectar los pensamientos automáticos de nuestra mente y no darles crédito. Debemos observarnos a nosotros mismos y ser capaces de tomar conciencia de estos pensamientos para bloquearlos y poder desarrollar unos pensamientos nuevos que nos permitan vivir una vida más libre y creativa. Evitar pensamientos como el del alumno que suspende matemáticas y piensa que jamás será un buen estudiante. Si lo piensa se dará cuenta de que, aunque no valga para las matemáticas, podrá valer en otras facetas de la vida. Por suerte no todos valemos para lo mismo.

El miedo. Es uno de los principales enemigos del ser humano, ya que nos paraliza. Cada vez que lo sintamos, podemos preguntarnos ¿qué es lo peor que me podría pasar si me atrevo a hacer aquello que deseo? Veremos que las consecuencias no son tan catastróficas como nuestra mente nos hace creer. Si además decidimos pasar a la acción, nos habremos dado el permiso de comprobar que rara vez se confirman nuestros máximos temores y, además, pronto descubriremos que somos capaces. El miedo se vence pasando a la acción y esto nos va a hacer que crezcamos en autoestima.

No saber perdonar. Debemos reconocer que todos, como seres humanos, podemos sentir y sentimos pereza, celos, rabia u otras emociones destructivas. El primer acto para mejorar pasa por el reconocimiento de dichas emociones y el perdón de las mismas. Así el perdón al otro nos resultará mucho más fácil. Dejar de criticar y juzgar ahorra mucha energía.

Aceptación. Debemos intentar transformar y mejorar todo lo que depende de nosotros mismos y aprender a aceptar las situaciones que llegan y que no depende de nosotros. Por ejemplo aceptar una ruptura por parte de la otra persona. La aceptación siempre entendida como un acto de madurez y no de resignación.

Reconocer las voces del EGO y la conciencia (al ángel y al demonio) Debemos aprender a reconocer a estas dos voces y saber desde donde queremos responder ante la circunstancia, desde nuestros instintos más básicos o desde los valores más elevados: como la misericordia o la empatía. Es una decisión personal.

Todos los expertos coinciden en que para ser felices tenemos que cambiar desde dentro. Un proceso largo y a veces complicado que empieza por eliminar la negatividad de nuestro interior y comenzar a ver las partes positivas de cada situación. A veces, abandonar la zona de confort y enfrentarse a los miedos puede ser el comienzo de este camino hacia el bienestar emocional.  

sábado, 30 de mayo de 2020

No estoy contenta con mi vida

Aparecía en la prensa en un consultorio psicológico la siguiente confesión de una mujer, que puede ser reflejo de un buen número de personas en nuestros días:

“No quiero, ni puedo seguir así. Últimamente me encuentro muy mal, no estoy contenta con nada en mi vida. No me gustan las relaciones con la gente, no sé relacionarme, nunca saludo a nadie. Creo que dejo pasar oportunidades y me arrepiento. Soy muy rara y tengo una personalidad que no me gusta, me detesto, detesto ser como soy. Me gustaría ser una persona normal que pueda vivir y disfrutar de todo. Quiero vivir la vida, pero por mis inseguridades y mi baja autoestima no puedo. Siento que todo el mundo vive, menos yo. Quiero cambiar y ser feliz, progresar”. Esto es una muestra de la vida en la infelicidad, que es bastante frecuente.


Le respondía en el mismo periódico con concisión una psicóloga a cargo del consultorio psicológico del periódico:
“La felicidad es un estado de bienestar subjetivo, que depende de cada persona. La sensación de bienestar aparece cuando valoramos la vida que tenemos como satisfactoria. En este sentido intervienen las interpretaciones que hacemos de lo que nos pasa y las emociones que tenemos en relación a la interpretación y a lo que nos pasa. Tanto las relaciones sociales como la imagen que tengamos de nosotros mismos van a determinar nuestro bienestar y por lo tanto, nuestra felicidad. Unas relaciones satisfactorias y una imagen positiva van a contribuir a sentirnos mejor y a nuestro bienestar”.
Conocerse y creer en uno mismo
Ya en los filósofos clásicos griegos y romanos aluden al hecho de que importa mucho más lo que tú piensas de tí mismo, que lo que los otros piensen de tí. E insistieron en la máxima: “Conócete a tí mismo”. En efecto tener una imagen positiva de uno mismo y tener también unas relaciones buenas y satisfactorias con los demás son dos ingredientes imprescindibles en la felicidad de una persona.

Para tener una imagen positiva de sí mismo es necesario tener un proyecto personal de vida, buscar y encontrar una vocación que llevar adelante. La fundamentación, las bases, las raíces, los motivos del proyecto personal que queremos alcanzar en la vida  los ha explicado con todo detalle Pedro Laín Entralgo en su libro Las Generaciones en la historia (1945) dice así
En la base de todo "proyecto personal" -la fracción posible de la autoproposición- se articulan en forma más o menos identificable los siguientes supuestos suyos: 1. La idea que el hombre tiene de sí mismo, inserta   a su vez en una idea-científica, vulgar, religiosa, supersticiosa, etc.-de la existencia humana, en una tácita   antropología. 2. La idea que del mundo y de su posible curso temporal   tiene   ese hombre: una Física, una Biología, una Sociología y una Historia rudimentarias o elaboradas. 3. La adscripción personal, el amor del hombre a su vida futura y posible; la intensidad de la "vocación" con que se siente "llamado" a hacer lo que proyecta. Estos tres supuestos del proyecto personal descansan a su vez sobre un último plinto de creencias-religiosas o pseudorreligiosas- constitutivamente necesarias para que la existencia humana no pare en el suicidio o en la desesperación absoluta”. 


El futuro es importante para todas las personas, también para las personas descontentas con su vida, y es sumamente necesario encauzar el futuro adecuadamente, porque no hay pena más profunda, que la de no encontrar más felicidad que la felicidad de lo pasado.

domingo, 24 de mayo de 2020

Una vida en el vacío

Vivimos en un mundo, dónde una gran mayoría de personas tienen la creencia bien arraigada que hay que “evitar el dolor y conseguir el placer” frente a todo, ante cualquiera de las circunstancias de la vida y a toda costa. 

Pero la vida de las personas en este mundo no es fácil y hay que competir por casi todo, ya sea por el trabajo, por la formación… Hay también situaciones duras o muy dolorosas, muchas personas se encuentran en situaciones no deseadas como: sentirse poco útil, estar deprimido, estar en el desempleo, sentirse infeliz aun teniendo casi todos los problemas resueltos, como ocurre a algunas personas ricas y famosas.

Hay a menudo también en nuestro mundo algunas personas que no encuentran el sentido a sus vidas.  Las personas inseguras siempre sufren. No sirven por lo general en la vida las ideas sin acción. Hay una carencia o falta de sentido en la vida de muchas personas que no han logrado encontrar un porqué y como consecuencia no tienen una dirección para su vida.

Para algunos, la ausencia de sentido en su vida les lleva a preguntarse obsesivamente, incluso angustiosamente por su sentido, la razón es que su vida no les proporciona un sentimiento suficiente de bienestar para vivirla y buscan algún sucedáneo, que suele ser normalmente falso y poco consistente. La persona en esta situación se encuentra vacía, no sabe tirar adelante, es el llamado “vacío existencial”. 

El "vacío existencial" produce sufrimiento, tanto mayor como sea la profundidad del vacío. Para León Daudí, pseudónimo de Noel Clarasó, novelista, guionista de cine y televisión señala que: “La vida cuanto más vacía, más pesa”. La persona con “vacío existencial” no tiene armonía en su conciencia y en su actividad externa. El reflejo psíquico del vacío existencial es el estancamiento en la vida, es el aburrimiento, es el hastío que desintegra la vida. El poeta y novelista mexicano Amado Nervo afirmaba que: “El aburrimiento crea más víctimas que la peste”. Para Marie von Ebner-Eschenbach, novelista austriaca el destino se forma sobre todo por lo que sentimos: “No es lo que vivimos lo que forja nuestro destino, sino lo que sentimos por lo que vivimos”. Una vida sin ilusiones ni esperanzas es una vida absurda, es una vida vacía, es una vida sin sentido.

En la vida hay que aceptar de algún modo la realidad, el no aceptarla de ningún modo lleva a la neurosis,  disminuye y debilita la vida y produce el hundimiento aparente del yo. Elisabeth Lukas, psicóloga y logoterapeuta austriaca y eminente discípula de Viktor Frankl ha señalado que: 

Aún personas a las que uno consideraría anímicamente sanas se comportan a veces en contra de su situación real metiéndose a lo mejor en deudas, las cuales no pueden pagar, consumiendo alimentos que les hace daño o dando precipitados consentimientos que no pueden cumplir. El no aceptar la realidad es un proceso de castigo propio que generalmente tiene malas consecuencias, tanto en lo grande como en lo pequeño. Historiadores, por ejemplo, han podido demostrar que las dos tremendas guerras mundiales del milenio anterior empezaron por puro error de evaluación de la realidad y esto no solo por mandatos en los altos gremios políticos sino también por las masas de la población. Cuanto más se fortalecen las ideologías más se alejan de la realidad. 

La conciencia ---“el órgano del sentido” humano--- el cual es extremadamente lento, pero con el avance de la cultura se va afinando. Somos seres con vida corta por lo que no tenemos esta impresión […] el cautivador intento de cada individuo por encontrar sentido en la esencia de su vida y crear sus propias obras a pesar de múltiples contrariedades e influencias. Estamos viviendo ahora, según estudios psicológicos, un “renacimiento de la pregunta del sentido”, porque el sentido se ha vuelto incierto, casi frágil […] los medios son los fabricantes de opinión, ellos, según el color de la economía, política o razón religiosa colman al individuo con pseudo-argumentos, de los cuales casi no pueden defenderse. Cada “spot” en la televisión menciona en escondidas el “significado” de las acciones de sus protagonistas y se necesita una fuerte solidez de carácter ---o mejor aún contención---, para poder sustraerse de estas sutiles manipulaciones.

Un lúcido análisis sobre el sentido de la vida lo realiza Julián Marías en su libro La felicidad humana (1987) y considera que: “La pregunta fundamental que tendríamos que hacernos ---a nosotros mismos y a los demás--- sería: ¿qué me importa de verdad?, y es el camino para la pregunta por el sentido de la vida. ¿Qué necesito para ser feliz? ¿Qué voy a necesitar siempre? ¿Qué me impide la felicidad?. Es dudoso que los hombres se hagan esas preguntas, más dudoso todavía que sean capaces de contestar a ellas; acaso la máxima dificultad estriba en que se atrevan a plantearlas. Si esto se hiciera, por lo menos se conseguiría claridad sobre el sentido de la vida, o por la falta de sentido”. 

Hay que tomar conciencia de que sólo se tiene una oportunidad, una vida para hacer, lo que uno realmente descubre que ha venido a hacer a este mundo. El sentido de la vida para la persona se entiende como el objetivo de realizar un propósito o valor conscientemente abrigado en su interior.

Las preguntas y reflexiones sobre el sentido de la vida se dan con más frecuencia en épocas de decadencia, en tiempos de crisis, en situaciones problemáticas y como ahora en época de pandemia. Son estas preguntas angustiosas e inquietantes para los que buscan en su vida conservar su situación actual. El sentimiento del sentido de la vida es tanto más intenso cuanto más deseamos el cambio de sentido.

El “sentido de la vida” no implica sólo preguntarse por la dirección o el discurrir de la vida, por los medios, que empleamos en la vida sino preguntarse por el final, por la meta de la vida y también por el objetivo de la vida. Para Leszek Kolakovski el “sentido de la vida” y el “fin de la vida” designan lo mismo.

El cardenal inglés John Newman escribía  sobre el final de la vida: “No temas el fin de la vida, teme más bien que nunca haya tenido un principio”.

Lucio Aneo Séneca, filósofo estoico latino escribió que: “Si no sabemos hacia donde queremos ir, ningún viento nos será favorable”. Según Johann W. Goethe, novelista, poeta y dramaturgo alemán, autor de Fausto: “Cuando uno no se encuentra a sí mismo, no encuentra nada”. 

El “sentido de la vida” es pues de enorme importancia para las personas porque: “La felicidad es inseparable del sentido de la vida”, como ha señalado el filósofo Julián Marías.

Bibliografía

Leszek Kolakovski. El hombre sin alternativa. Alianza Editorial. Madrid. 1970.

Elisabeth Lukas. Discurso en el II Congreso sobre el futuro de la Logoterapia. 18-5-201. Viena.

Elisabeth Lukas. Paz vital, plenitud y placer de vivir. Ed. Paidós. 2001.

Julián Marías. La felicidad humana. Alianza Editorial. Madrid. 1987.



martes, 19 de mayo de 2020

El sentido de la vida

Es un hecho fácilmente constatable que las personas en todo tiempo y lugar quieren conocer el sentido de la vida, de su vida, necesitan inevitablemente orientarse hacia algo y  consecuentemente se hacen preguntas como: ¿qué hago con mi vida?, ¿Qué camino seguiré en la vida?, ¿Cuál es el sentido o dirección de mi vida?, ¿Qué camino he recorrido hasta ahora?, ¿Para qué estoy aquí?, ¿Qué misión tengo?,  ¿Por qué vivo?, ¿Para qué vivo? y se hacen todavía muchas preguntas más, especialmente sobre las cosas y los hombres, sobre sí mismo y también sobre Dios.

Una pregunta no se plantea en principio sino es, cuando le falta una respuesta para ella. La gran mayoría de personas no se preguntan por el sentido de la vida, sino cuando sienten la necesidad de cambiarla. Las personas buscan encontrar sus propias respuestas a sus preguntas. Se interrogan por la vida en su conjunto y se dicen a sí mismos: ¿de qué trata la vida?, lo cual implica una búsqueda y una respuesta general o se preguntan también: ¿qué vine a hacer a este mundo?, ¿Qué quiero ser? lo cual supone una respuesta individual o personal. Se necesitan comprender y obtener ambas respuestas.

El sentido de la vida se presenta en dos niveles o ámbitos: el sentido del momento y el sentido último. El profesor Alfonso López Quintás alude a que hay que hacerse una pregunta decisiva:

¿Qué es el sentido? ¿Qué quiere decir exactamente que una, vida humana tiene sentido?. Básicamente tener sentido es estar bien orientado. Tiene sentido tomar un avión que nos lleva a la ciudad que deseamos visitar. Es insensato subir a un avión que va en dirección distinta sencillamente porque nos gusta más su diseño. Esta elección estaría mal orientada, carecería de sentido sería insensata. Pero, ¿cuándo podemos afirmar que nuestra vida está bien orientada. Cabe contestar de esta forma sencilla y profunda: cuando la dirigimos a su verdadero ideal. La cuestión del sentido -y con ella la de la felicidad, la paz y el amparo interiores - depende de la cuestión de cómo encontrar el verdadero ideal.

El logoterapeuta Joseph B Fabry en su libro Señales del camino hacia el sentido (2009) expone con gran clarividencia que:

Cuando busca el sentido último, el individuo está consciente --aún cuando sea en forma un tanto confusa-- de que hay un orden en el universo, y de que él es parte de ese orden. Si es una persona religiosa, percibirá ese orden como algo divino. Si es un humanista, lo ubicará en términos de las leyes de la naturaleza y de la ética. Si es un científico, encontrará el orden en las leyes de la física, química, astronomía y evolución. Un artista podrá visualizarlo en la armonía. Una mente ecológica, lo contempla en el balance de un ecosistema. El sentido último, el sentido de la vida, es inaccesible para uno. Es como el horizonte; se intenta llegar a él, pero nunca se alcanza. A pesar de ello, para convertirse en alguien que dice sí (a la vida) tiene que tratar de alcanzar el sentido último, aún: cuando nunca lo logre. En realidad, si alguien pudiera hacerlo y decir con plena convicción: "ya conozco (el sentido) de la vida” estaría espiritualmente muerto, porque no le quedaría nada por qué luchar. El sentido último es una cuestión de fe, de aceptación, de experiencia personal. Se puede vivir con el sentimiento de ser parte del entramado de la vida, o como si ésta fuera algo caótico y uno se sintiera víctima de sus caprichos.

El hecho cierto es que, si nuestra vida está llena de sentido, se tiene más energía para vivir, más tenacidad para resistir, más constancia para ser fieles, mejor ánimo y mayor esperanza para no sucumbir ante situaciones límite. Es el “sentido de la vida” un tema clásico en la historia de la filosofía. La pregunta por el “sentido de la vida” tiene su respuesta en la “vida humana” y ahonda sus raíces en la vida cotidiana. Joseph B Fabry ha añadido que:

Pudiera producir desaliento leer que la vida tiene sentido, pero que éste nunca podrá alcanzarse. Por fortuna hay un segundo nivel de sentido que se puede lograr y en realidad, deberá ser para orientarse en verdad hacia una existencia plena. Eso es lo que Frankl llama el "sentido del momento". 

También ha descrito Joseph B Fabry la relación existente entre “el sentido último” de la vida y “el sentido del momento” y dice al respecto:

Existe una relación entre el sentido último y el sentido del momento. Si se tiene conciencia del sentido último, ya sea en un contexto religioso o laico, uno será capaz de dar respuesta significativa a las oportunidades del momento, porque cuenta con una brújula interna que lo orienta hacia el sentido. Si usted no tiene esta conciencia, reaccionará al sentido del momento del modo que pueda, pero a lo largo de su vida se irá orientando hacia una plena comprensión del sentido último.

El recorrido para Fabry va del “sentido último” al “sentido del momento” a la circunstancia concreta. Puede suceder también el recorrido contrario pasar o abrirse del “sentido del momento” al “sentido último”. En cualquier caso, este paso o trasiego de sentido es un proceso consciente, está presidido por la conciencia personal, no se hace a la ligera pues implica el esfuerzo, el compromiso y la entrega de toda la persona.

Nuestro gran filósofo José Ortega y Gasset ha indicado que:

La vida cobra sentido cuando se hace de ella una aspiración a no renunciar a nada. 

Ortega hace un profundo análisis de la “vida humana” e indica en su obra El hombre y la gente que:

La vida es intransferible. Nadie puede sustituirme en esta faena de decidir mi propio hacer y ello incluye mi propio padecer, pues el sufrimiento que de fuera me viene tengo que aceptarlo. Mi vida es, pues, constante e ineludible responsabilidad ante mí mismo. Es menester que lo que hago -por tanto, lo que pienso, siento, quiero- tenga sentido y buen sentido para mí.

En efecto, al estar una persona viviendo, en una concreta y determinada circunstancia y tener que seguir viviendo se hace ineludible hacer algo, ya sea alimentarse, vestirse, trabajar, pasear o divertirse… Son estas algunas de las actividades concretas y frecuentes de la vida que es necesario decidir hacer y elegir una entre varias. Cualquiera de estas acciones exige como dirá Ortega el tener que realizar al menos dos operaciones: la primera plantearse el problema y resolver la pregunta sobre quién soy yo y la segunda operación averiguar qué es o cuál es la circunstancia en la que me encuentro ahora. Otra actividad simultánea a estas dos  exige decidir o hacer elecciones porque según nuestro filósofo:

El hombre, cada hombre tiene que decidir en cada instante lo que va hacer, lo que va a ser en el siguiente. Esta decisión es intransferible: nadie puede sustituirme en la faena de decidirme, de decidir mi vida […] el hombre no puede dar un solo paso sin anticipar, con más o menos claridad, todo su porvenir, lo que va a ser; lo que ha decidido ser en toda su vida.

La más importante actividad, la más importante aventura que se presenta en la vida es encontrarle sentido o significación. La vida es un viaje, una aventura, un proceso que tiene fin y finalidad o sentido, tiene meta y significación. La vida tiene sentido y tiene también dirección y corresponde a cada uno encontrar ese sentido. Nadie nace con “el sentido de la vida” adquirido, sino que es un asunto que cada uno tiene que encontrar. La persona es un ser en el mundo, que busca su sentido, orientación y dirección, aunque no sea siempre fácil o nada fácil. Y a cada uno corresponde descubrir su propia verdad, su propia misión. No se puede otorgar un sentido a la vida de otro sin su aceptación consciente. Conocer el propósito, conocer el objetivo, conocer el sentido de la propia vida, que es personal e intransferible, no es tampoco tarea liviana, pero es no sólo necesario sino imprescindible conocerlo.

En la tarea de buscar el sentido a la propia vida  López Quintás incide en el trabajo de su fundamentación:

Para fundamentar debidamente la búsqueda del sentido, hemos de conocer bien el camino que nos lleva al ideal auténtico. Es éste el hallazgo decisivo de nuestra vida. Porque el ideal no es una mera idea. Es una idea propulsora, que dinamiza nuestra existencia y, si es un ideal auténtico, la colma de sentido y la hace feliz. Nada más importante que descubrir el verdadero ideal de la vida y optar por él. El ideal auténtico se descubre cuando vivimos a fondo un verdadero encuentro. Hoy nos dice, la Biología más cualificada que los seres humanos somos "seres de encuentro”, vivimos plenamente como personas, nos desarrollamos y maduramos como tales creando modos diversos de encuentro.

Bibliografía

Alfonso López Quintás. “El ideal de unidad y el sentido de la vida para asimilar a fondo la logoterapia de Viktor Frankl”. En Mª Ángeles Noblejas y alt  Eds). La búsqueda de sentido en el siglo XXI. Ed. Asociación Española de Logoterapia. Madrid. 2006.

Joseph B Fabry.  Señales del camino hacia el sentido. Ediciones LAG. México, DF. 2009.

Julián Marías. La felicidad humana. Alianza Editorial. Madrid. 1987.

José Ortega y Gasset. El hombre y la gente. Ed. Revista de Occidente. Madrid.1970. 6ª Edición.