Es mejor la alegría para
vivir
En la vida tanto en la
juventud como en la madurez y en la vejez nos va mucho mejor vivir con alegría
e ilusión que tristes o con otras emociones.
Con alegría conseguimos
obtener más y muchos mejores resultados, estar más relajados y conseguimos también no
extraviarnos, ni detenernos en nuestro camino.
¿Pero, qué es la alegría?
La alegría es un sentimiento o una emoción grata y viva, que suele manifestarse con signos exteriores,
como son palabras, gestos, saltos o actos con que se expresa el júbilo.
Esto ocurre normalmente cuando las cosas nos salen bien y conseguimos
nuestros pequeños o grandes objetivos. La alegría produce bienestar.
Lo
contrario a la alegría es la tristeza. La alegría y la tristeza son dos
emociones principales del ser humano, que están presentes a lo largo de toda la
vida y que se manifiestan ante los numerosos eventos o cosas que se suceden en tu
vida de cada día.
La tristeza
sobreviene a cada momento aportando un bajo estado de ánimo, con sensación de frustración
por no conseguir o estar lejos de alcanzar el objetivo que nos habíamos
marcado. La tristeza produce malestar.
Es mejor la alegría ante lo bueno, ante lo malo y ante todo y en todo momento
¿Por qué?
Porque como ha escrito
José Martínez Ruíz con el pseudónimo de “Azorín”, en que nos propone un mandato
imperativo, una orden a cumplir sin excusas:
Sepamos todos que el
primero, el más hondo y fundamental de nuestros deberes como hombres es la
alegría. Azorín.
Azorín (1873-1967),
escritor alicantino perteneciente a la Generación del 98 (1898) nos muestra en
sus libros la abundancia de vestidos negros de las mujeres en las tierras
castellanas, la austeridad de su carácter, la vida rutinaria en los pequeños
pueblos, la falta de alegría y jovialidad en sus gentes.
Parece decirnos Azorín, que
en la vida es mejor elegir y adoptar como norma la alegría, la ilusión, el
entusiasmo ante cualquier asunto o hecho que nos suceda. Porque elegir la
tristeza no soluciona ningún problema, tiene un efecto negativo sobre la
persona y sobre la sociedad.
¿Qué es la tristeza?
Es una emoción o sentimiento de la persona muy abundante
y constante en la vida. La tristeza trae consigo un bajo estado de ánimo y frustración por no conseguir lo que deseábamos o
esperábamos o perdimos.
La tristeza puede ser pasajera o hacerse permanente o crónica. Cuando la tristeza es pasajera nos sirve como reacción adaptativa que nos ayuda a procesar situaciones difíciles. Nos ayuda a reflexionar, a buscar apoyo e ir adaptándonos a las nuevas circunstancias.
La tristeza continua, prolongada, intensa, persistente nos trastoca la vida normal, es una tristeza enferma, patológica y puede, si no se corrige, llevarnos a procesos depresivos.
¿Por qué me siento triste?
La tristeza es una emoción que avisa de una pérdida. Hay pérdidas en la vida de todo tipo: pequeñas, medianas y grandes como la pérdi- da de un ser querido, o de un trabajo, un fracaso académico… sino también puede ser una pérdida de aquello que te habías imaginado, que habías soñado, que sucedería, pero no ha sucedido así y nos sobreviene la tristeza, la decepción, la frustración.
La tristeza conlleva un dolor psicológico, pero nos impulsa a reflexionar sobre lo sucedido y nos impulsa y avisa también para evitar situaciones desfavorables. Nos ayuda además a aceptar y adaptarnos a cambios significativos.
Cuando la tristeza persiste más allá de lo esperado o afecta gravemente nuestra calidad de vida, puede ser un síntoma de problemas más profundos, como la depresión
El cuerpo también experimenta la tristeza
A nivel biológico, el cerebro sufre cambios significativos en la producción de neurotransmisores y hormonas. Por ejemplo, aumenta el cortisol, la hormona del estrés, mientras que la serotonina, encargada de regular el estado de ánimo, disminuye. Además, la actividad en el sistema de recompensa del cerebro se reduce, lo que explica la falta de placer en actividades que normalmente disfrutamos.
Estos cambios también impactan nuestro comportamiento y la toma de decisiones. La tristeza suele generar una baja en la motivación y la energía, lo que dificulta la realización de tareas cotidianas. Puede afectar a la concentración y la capacidad de resolver problemas, volviéndose más difícil enfrentar los desafíos del día a día.
Adolescencia y tristeza
Sí, es en la adolescencia, una etapa de la vida, donde la persona, que comienza a formarse, parece que encuentra más y mayores dificultades. Es ahora cuando la tristeza y la desesperanza aparecen con mayor facilidad y fuerza. ¿Por qué?.
Porque a lo largo de nuestra vida, las personas nos encontramos con una gran diversidad de situaciones, buenas, malas, muy malas, regulares o medianas, que nos provocan también todo tipo de emociones o sentimientos.
Si nos encontramos con experiencias que nos salen bien, experiencias positivas, estas nos llenan de alegría y júbilo y nos dan fuerza para continuar en este camino. Pero podemos tener tantas o más experiencias que nos salen mal, son negativas, desagradables, que nos llenan de tristeza y amargura. Y estas experiencias nos detienen, nos ralentizan o nos estancan totalmente en nuestro camino. Si todo esto perdura se va conformando en nuestro interior una aceptación de la derrota en camino hacia una mentalidad de perdedor o hacia un complejo de inferioridad.
Todo esto hay que vigilarlo muy bien y contrarréstalo sobretodo en la adolescencia, la época en que la persona se está abriendo al mundo y formando, y por tanto está más desprotegido de herramientas psicológicas. No debemos competir por ver quién es más triste. Y lo mejor es decidirse a emprender un programa de mejora, que incluye un programa para encajarlo todo con alegría y no ceder al desaliento, a la desesperanza.
Las preocupaciones, las ansiedades, las situaciones desagradables, las pérdidas pequeñas o grandes pueden ocurrir en cualquier momento y de manera inesperada, lo cual conllevan inevitablemente sufrimiento, malestar, dolor psicológico. Este dolor será mayor o menor según la madurez de la persona, lo mismo que su duración. Podemos combatir este dolor con mayor control de las emociones, con mayor racionalidad y programas de positividad o programas de alegría.
No todas las tristezas son iguales
Es muy importante reconocer cuándo se trata de una tristeza pasajera o adaptativa, es de menor intensidad y una tristeza permanente, desadaptativa, prolongada, de mayor intensidad, que afecta al bienestar, a la calidad de vida y no permite la vida normal cotidiana.
La tristeza pasajera o adaptativa surge ante cualquier suceso: pérdida de un ser querido, ruptura amorosa, fracaso académico, perdida del trabajo, cierre de la empresa, produce malestar, pero controlamos la situación y poco a poco va disminuyendo la tristeza de forma natural.
La tristeza permanente o desadaptativa es intensa, prolongada, impide hacer la vida normal, no disminuye con el tiempo. Ejemplos pueden ser: una pérdida laboral sin poder superarla o una decepción personal o amorosa, que provocan aislamiento y desesperanza.
La depresión es un tipo de tristeza persistente que incluye un trastorno psicológico. Se define por la falta de motivación, la apatía, los sentimientos de desesperanza y la incapacidad de disfrutar actividades antes placenteras.
La depresión es un trastorno psicológico severo que puede durar meses y afectar significativamente la calidad de vida en todas las áreas.
Sin embargo, existen tratamientos médicos efectivos para la depresión, que pueden ayudar a recuperar el bienestar emocional y mejorar la calidad de vida.
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