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miércoles, 28 de septiembre de 2022

Ni con todo el oro del mundo podrás comprar un día de tu vida

Es cierto que, aunque quisiéramos comprar con todas nuestras fuerzas y ganas un día de nuestra vida, no podríamos de ninguna manera.

Se entiende lógicamente un día más de vida. La explicación es sencilla, porque las personas somos seres mortales y por consiguiente tenemos que morir, aunque no sepamos ni el día, ni la hora.

Y el hecho importante es que, por ser mortales, no podemos alargar la vida con una decisión voluntaria nuestra, no podemos alargar la vida a la carta.

Esto significa que todas las personas tienen un final en su vida. Por tener un final las personas tienen un límite. La filosofía por esta razón ha considerado que el hombre es un ser limitado, finito y no puede hacer todo lo que desearía, aunque lo desee con todas sus fuerzas. También en la Biblia se nos manifiesta a los hombres, “ni siquiera vosotros podéis aumentar vuestra estatura”.

Ocurre que ese día de nuestra vida, que queríamos comprar, puede ser el día de hoy, es el tiempo presente, es el ahora, es un tiempo para disponer de él, para utilizar.

Y este día de hoy es un gran tesoro, es un tesoro fabuloso. Es precioso el día de hoy, si yo decido vivirlo así.

Para que el día de hoy y cualquier día sea maravilloso, extraordinario tiene que cumplir al menos una condición: la de servir para algo positivo.

Un día sirve para algo, cuando yo decido que así sea, cuando decido utilizarlo para hacer una actividad buena y no me dejo llevar por otras circunstancias.

En una sociedad libre, desgraciadamente muchas no son así, somos libres para decidir realizar lo que deseamos en la vida a largo plazo y también para el momento actual, para el día de hoy.

Tenemos al menos tres posibilidades en nuestras manos cada día: no hacer nada aprovechable, aprovechar el día, aprovechar el día al máximo.

Todo lo que se aprovecha y trabaja hoy sirve para mañana y para el futuro. Albert Camus afirmaba que: “La verdadera generosidad en relación con el futuro, consiste en dárselo al presente”.

El día de hoy, el tiempo en general puede ser de gran valor, un gran tesoro, o por el contrario no servir para nada o para muy poco. Todo depende de lo que decidamos y hagamos ese día.

El esfuerzo, el sacrificio, la llave dorada de la vida, hay que ponerlo en funcionamiento, practicarlo. Se convertirá en un gran tesoro, tu gran tesoro, sólo si, tú lo decides y lo llevas a la práctica del día a día.

 

viernes, 26 de abril de 2019

Necesidad de trabajo, de lucha continúa



Necesidad de trabajo, de lucha continúa

El hombre tiene que hacer para ser. Si uno no hace una actividad, realiza
un trabajo es infeliz, se paraliza y no crece ni se construye como persona.

Para desarrollar todas sus potencialidades la persona tiene necesariamente 
que ejercitarlas, trabajarlas, lo cual requiere esfuerzo y sacrificio.

En lo intelectual como en lo físico, el órgano que no está en actividad se
adormece, se debilita, pierde vida.

Los grandes deportistas, artistas, empresarios, profesionales han llegado a
la cima después de mucho trabajo y esfuerzo.

La mayor parte de las personas son demasiado perezosas. La inspiración
no baja sobre el perezoso, la inspiración no existe cuando no hierven en el
espíritu ideas y sentimientos. Decía Miguel de Unamuno: “La esencia del
hombre es la pereza, y, con ella, el horror a la responsabilidad”.

Los hombres dicen los filósofos son seres limitados, finitos, indigentes, 
no lo pueden todo pero habría que añadir que sí pueden muchas cosas.

 Cuando era niño mi madre me recordaba constantemente con ganas 
la norma de conducta que ella aprendió en el catecismo: “Contra pereza,
 diligencia”. Ella siempre se regía por esa regla.

La psicología actual ha confirmado que la mejor cura contra el desaliento, 
contra la desmoralización, contra la frustración consiste en duplicar o 
triplicar nuestros esfuerzos.

Debemos estudiar con interés, aprender con ganas, esforzarnos cada día, 
realizar sacrificios para conseguir nuestras metas.

Se observa frecuentemente a personas que desean el salario, pero no el
trabajo que ello implica. Desengañémonos el salario es consecuencia 
y fruto de trabajo, de pasión y de objetivo.

Hay que levantarse temprano, trabajar seriamente todo el día e irse a
descansar siguiendo pensando en el objetivo.

Y si a pesar de todo nos llegan malos tiempos, las cosas se ponen feas,
y nos visita con dolor el fracaso y nos sobreviene una gran desilusión, 
entonces hay que descansar si nos urge, pero no rendirse. Después debe 
uno seguir intentándolo de nuevo.

 Hay que hacer algo. No hacer nada sería peor, no hay que permanecer 
quieto viendo cómo tus sueños se desmoronan a tu alrededor.