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sábado, 27 de junio de 2020

La vida en crisis

Todo el mundo sabe que vivimos en crisis. Y ¿qué es una crisis?. Una crisis según el diccionario es un cambio. El cambio puede ser pequeño o grande, radical. Pueden sufrir cambios las personas individualmente y las sociedades también. Los cambios en las personas normalmente son pequeños, casi no nos damos cuenta de ello o a veces nos los proponemos conscientemente, para superarnos. Pero la gente, por lo general casi ni siquiera lo advierte.

El gran cambio, el cambio radical es una enorme mutación, una gran evolución que transforma la situación anterior en otra casi distinta o totalmente distinta. Este gran cambio puede suceder en una sociedad  exclusivamente o también puede suceder el mismo cambio en muchas sociedades a la vez.

Los cambios suceden en el orden físico, histórico, espiritual. Los cambios pueden ser económicos, sociales, políticos, científicos, religiosos, artísticos, éticos, médicos...

Los grandes cambios naturales en sentido negativo son los terremotos, los maremotos o tsunamis, las sequías, las pandemias o contagios a gran escala como la actual infección por coronavirus o covid19.

La palabra crisis también significa una situación difícil o complicada y además se asocia a una situación de escasez, de carestía.

Una crisis en sentido general es el estado de un asunto o proceso cuando está en duda o en discusión su continuidad, su modificación o su cese.

Escribía María Zambrano (1907-1991), malagueña, escritora y filosofa, en su libro Hacia un saber sobre el alma. Alianza Editorial (2000), libro que lleva ocho reimpresiones ya, la última en el año 2018, que:

Estar viviendo en crisis; es ya un lugar común de nuestros días, y como tantos lugares comunes nos hace correr el peligro de que resbalemos sobre él, sin adentrarnos. Mas, si sucede así será tanto como resbalar sobre nuestra propia vida. Y lo grave es que tal cosa: resbalar sobre la propia vida, sin adentrarse en ella, puede ocurrir con suma facilidad. Por eso es necesario que intentemos desentrañar lo que hay dentro de esta realidad a que aludimos al decir crisis.

La primera característica de una crisis es la inquietud que nos provoca. La inquietud es el desasosiego, la desazón. no vivir las cosas con quietud y paz. La vida ya de por sí lleva cierto grado de inquietud, pero la vida en crisis es vivir la vida con inquietud aumentada.

La primera manifestación y consecuencia de la inquietud por la crisis de la pandemia por coronavirus ha sido el aislamiento de las personas, su reclusión forzosa en sus domicilios, la parada de casi todas sus actividades habituales. Se ha impedido su trabajo normal en la oficina, sus relaciones profesionales y de ocio, sus actos de culto religioso, sus visitas a familiares y amigos, se ha impedido su presencia en casi todos los ámbitos que antes efectuaba con toda normalidad. Se ha prohibido casi todo.

Ha distinguido María Zambrano que esta inquietud de la vida en crisis no es una inquietud por aventuras o viajes ilusionantes sino que es:

Una inquietud que soportamos dentro de la cual nos sentimos recluidos. Es inquietud que nos viene de fuera, no libertadora actividad que brote de dentro. Lo más humillante que existe para un ser humano, es sentirse llevado y traído, arrastrado, como si apenas se le concediera opción, como si ya apenas fuese posible elegir ni tomar decisión alguna porque alguien, que no se toma la pena de consultarlo, las está ya tomando todas por su cuenta. Tal pasividad tiene lugar en la soledad más tremenda.

En un fino análisis de la vida en crisis que hace María Zambrano muestra, que se dan primeramente dos experiencias: el sentimiento de inquietud y el sentimiento de soledad. A la soledad se la define por la carencia de compañía y por la melancolía que se siente por la ausencia de una persona o cosa. María Zambrano ha indicado que la crisis:
A la par que inquietos nos sentimos en una "soledad sin descanso". Mas, sucede con la soledad lo mismo que con la inquietud. También la soledad es propia de la vida de siempre; también está en el fondo de la vida humana. La soledad de la época de crisis, es, sin embargo, bien distinta de esta soledad del hombre despierto, puesto que no se debe a una mayor lucidez y hasta puede envolver una mayor confusión. Es soledad causada por la inquietud, porque no sabemos nada, ni podemos reposar en certidumbre alguna. Estamos tan solos porque estamos terriblemente inquietos y turbios.

Una tercera experiencia se da en las crisis: la del desamparo del hombre, las personas se quedan completamente desorientadas. Nuestra escritora dirá:
La crisis muestra las entrañas de la vida humana, el desamparo del hombre que se ha quedado sin asidero, sin punto de referencia; de una vida que no fluye hacia meta alguna y que no encuentra justificación. Entonces, en medio de tanta desdicha, los que vivimos en crisis tengamos, tal vez, el privilegio de poder ver más claramente, como puesta al descubierto por sí misma y no por nosotros, por revelación y no por descubrimiento, la vida humana; nuestra vida. Es la experiencia peculiar de la crisis. Y como la historia parece decirnos que se han verificado varias, tendríamos que cada crisis histórica nos pone de manifiesto un conflicto esencial de la vida humana, un conflicto último, radical, un "se puede o no se puede". Ya que la vida humana parece que es el territorio de la posibilidad, de las más amplias posibilidades y que la historia fuera el proceso de ir las apurando, hasta su último extremo y raíz.

Seguiremos analizando la vida en crisis y sus varios ámbitos e implicaciones.






lunes, 15 de junio de 2020

AUMENTA LA DIFUSIÓN DE ESTE BLOG

Con la satisfacción que todo autor tiene cuando comprueba que su obra va alcanzando éxito, porque es leída y comentada, hoy me toca presumir (con licencia del lector) de que este mi blog ya ha llegado a obtener  más de dos mil lecturas, porque se han registrado visitas desde España --sería lo normal-, Estados Unidos, México y otros países de América, y hasta, sorprendentemente, de Hong-kong, completando un total de veinticinco países de todos los continentes.

Son sin duda las maravillas de la técnica, porque las redes sociales nos impulsan a mejorar y a difundir mucho más nuestras ideas, y de esta manera, cual todos deseamos, la cultura y el pensamiento van navegando por el éter.

Y no ocultaré a los lectores, mis amigos (puesto que por amistad me comunico con ellos) que siempre he tenido mis dudas y vacilaciones al incidir en temáticas en ocasiones tan arduas como la filosofía y la ética y la moral.

Sea como fuere, ahí queda lo publicado, y agradezco a los lectores el ánimo que me infunden al contar con mis reflexiones, al tiempo que les prometo obligarme a perseverar en el intento y a seguir perfeccionándome en temáticas de interés. 

Muchas gracias a todos por el honor que me hacen leyéndome.

FRANCISCO ROGER GARZÓN

domingo, 14 de junio de 2020

Los doce mayores bienes de este mundo


Los doce mayores bienes de este mundo

Los doce mayores bienes de este mundo o las doce mayores riquezas de la persona en la vida fueron escritas por el estadounidense Napoleón Hill en 1928 en su libro Piense y hágase rico. En inglés el título del libro fue: Think and grow rich (1928).

Libro que tuvo gran éxito, ha sido leído por más de diez millones de personas y sigue leyéndose. Es un libro clásico en la filosofía del éxito o como Hill llama la ciencia de la realización personal.

Sin más dilación las doce mayores riquezas de las personas en la vida son:

-Una actitud mental positiva

-Una buena salud física

-Armonía en las relaciones humanas

-Liberación de todas las formas de temor

-Esperanza de futuras realizaciones

-Capacidad de fe

-Disposición para compartir los beneficios

-Una labor de amor como ocupación

-Una mente abierta a todos los intereses

-Dominio de sí mismo en todas las circunstancias

-Capacidad para comprender a los demás

-Tener dinero suficiente

Se observará fácilmente que estas doce riquezas de las personas son actitudes o capacidades a ir desarrollando. Para después aplicar estas actitudes a la consecución de metas concretas que elija cada persona. Por ejemplo crear una empresa, ser médico, deportista, funcionario…

Napoleón Hill insiste con reiteración que estas riquezas o actitudes deben llevar asociadas la paz mental de la persona. Y destaca que ha colocado el dinero en último lugar porque aunque poco es necesario para cualquier actividad.

El autor advierte seriamente que: “El dinero puede comprar muchas cosas, menos la paz de ánimo”,  pero “puede ayudarle a encontrar dicha paz” e insiste  en que: “Ni el dinero ni ninguna otra cosa le podrán proporcionar una paz verdadera, a menos que inicie la jornada en lo hondo de usted mismo”.

La finalidad del libro para Hill es: “Mi libro no trata meramente de cómo ganar dinero. Pero mi libro también quiere mostrarle a usted hacia dónde va y como serán las cosas cuando usted llegue a su meta. Le ayuda a asumir actitudes correctas desde un principio”.

¿Quién es Napoleón Hill?

Nace en 1883, en una cabaña de troncos que tenía un solo  aposento, en las montañas Blue Ridge en Pound  (Virginia). Muere en 1970.  Fue un escritor, considerado el autor de autoayuda y superación más prestigioso del mundo. Fue asesor de varios presidentes de Estados Unidos: Woodrow Wilson y Franklin Delano Roosevelt. Su libro Piense y hágase rico es uno de los libros más vendidos del mundo. Llegó también a ser millonario.

En su adolescencia trabajó como periodista para poder pagarse sus estudios de leyes en la Universidad de Georgetown. El gobernador de Tennessee Robert L. Taylor, propietario del periódico Bob Taylor´s Magazine le contrató para que escribiera semblanzas de hombres célebres y al primero que entrevistó fue a Andrew Carnegie Hill, el poderoso magnate del acero. 

A su vez Andrew Carnegie contrató a Napoleón Hill durante veinte años para que escribiera sobre una fórmula de éxito que sirviera al hombre sencillo en su camino de  progreso.

Entrevistó a 504 personajes del mayor éxito en los Estados Unidos, entre ellos figuran: Ford, Wrigley, Wanamaker, Morgan, Firestone…

Creó la Napoleón Hill Foundation de carácter educativo, sin ánimo de lucro.

miércoles, 10 de junio de 2020

Cinco sencillos hábitos para mejorar tu autoestima


Se llama autoestima al amor propio, al respeto hacia uno mismo, a la sensación, en definitiva, de encontrarse a gusto en el pellejo que nos ha tocado vivir y es este uno de los pilares más importantes de la estabilidad emocional de una persona.

Hay veces en que somos nuestro peor enemigo y nos sentimos mal por dar rienda suelta a nuestro lado malo, ceder a lo negativo, ceder a lo fácil y a lo inferior.

Los motivos por los que la autoestima se ve afectada a veces son múltiples y muy variados, pero casi siempre se derivan de la presión que el entorno social ejerce sobre nosotros y que a algunos afecta demasiado por la falta de confianza en uno mismo, o por decepciones de índole sentimental, o por otras muchas razones.

Si te encuentras en un período en que lo estás pasando mal, porque no te valoras lo suficiente.  Puedes comenzar a paliar esa ansiedad fomentando una serie de pensamientos positivos, que te ayudarán a empezar a ver las cosas de una forma distinta. Todos ellos comparten un mismo objetivo: impedir que tu lado negativo le gane la partida al lado optimista o positivo.

Para volver a sentirte dominador, realiza estos sencillos hábitos

Para sentirte con dominio de ti mismo, sentirte lleno de  poder para dominar cualquier circunstancia, te proponemos comenzar con estos cinco sencillos hábitos, con estas cinco sencillas rutinas:

-Replica ante lo que no te convence, lleva la contraria

No se trata de buscar siempre la polémica, habrá cosas en las que coincidas con los demás. Pero si hay algo en que no lo haces, no te lo guardes: lleva la contraria, expresa tu disconformidad, pero recuerda, siempre con empatía y respeto por las posiciones diferentes.

Alzar nuestra voz por encima de la de los demás, hacernos escuchar para expresar nuestra forma de entender determinado problema, es algo que a muchos les cuesta horrores, porque durante ese breve lapso de tiempo en que nos estemos explicando, toda la atención recaerá sobre nosotros. Ni lo pienses. Olvídate del miedo a equivocarte, todos lo hacemos. Lo importante es aprender a defender nuestras ideas y valores.

 -Haz más deporte

Es un hecho: la opinión que guardamos de nuestra propia apariencia nos influye a la hora de movernos por la vida con mayor seguridad. Si no nos gusta mirarnos en el espejo y ver que estamos en baja forma, ¿no deberíamos entonces hacer algo para remediarlo?.

Así que líbrate de la pereza y comienza a sudar la camiseta. Verás como empiezas a sentirte reconfortado muy rápidamente. Hacer ejercicio estimula de inmediato la liberación de endorfinas, que son las moléculas que favorecen la sensación de bienestar.

En este punto se pueden incluir otras muchas acciones que pueden ayudarte a verte mejor a ti mismo. ¿Te apetece un cambio de "look", de aspecto? Podrías hacerte un nuevo corte de pelo, por ejemplo. ¿No te gusta la ropa que llevas? Pues no lo pienses más y renueva tu armario. Te mereces verte bien a ti mismo.

-Deja de buscar la aprobación de los demás

Un montón de cosas las hacemos pensando en cómo las percibirá nuestro entorno. A veces nos vestimos para gustar a los demás y buscar sus halagos y su atención, y al no conseguirlo nos frustra. Otras, nos apuntamos a la última moda con reticencias, solo por no quedarnos fuera de onda. Nos callamos nuestros pensamientos por miedo a que no sean aceptados. Incluso podemos acabar abandonando nuestras aspiraciones por darnos cuenta que no reciben reconocimiento social.

Haz una cosa. Empieza a plantearte por qué haces eso que estás haciendo. ¿Es porque tú quieres, o es para agradar a los demás? Si resulta que caes en la cuenta de que efectivamente te mueves por la búsqueda de la aprobación externa, y no te gusta esa idea, deberías abandonar ese pesado hábito y comenzar a actuar en función de lo que te apetezca o te agrade.

Relaciónate más, pero libérate de la gente tóxica

Hay gente negativa que puede ser realmente persuasiva y contagiarte el mal rollo. Gente pesimista que con sus observaciones impertinentes probablemente consiga que tu autoestima se reduzca. No dejes que esas personas te coman la moral. Ahí fuera hay un montón de gente buena. Si crees que no conoces a nadie así, entonces deberías involucrarte en ocupaciones nuevas que te ayuden a conocerla.

Apuntarse a alguna actividad, como aprender un idioma o ir al gimnasio, o retomar el contacto con aquel amigo del que te distanciaste tiempo atrás sin un motivo de peso, pueden ser buenas maneras de conocer a gente para empezar a llevar una vida más social.

Relacionarse es la mejor manera que hay para relajarse, para divertirse, también para recibir apoyo emocional y liberarse de cargas y tensiones o aprender lo que los demás pueden enseñarnos.

-Acepta tus defectos

Todos tenemos esta o aquella cosa que nos gustaría cambiar. Nadie es perfecto. A veces incluso acabamos aceptando, dándonos cuenta de que eso que nos molestaba era una tontería. Hasta puede ser que sea nuestra marca, eso que nos identifica de los demás.

Deberías dejar de ser tan perfeccionista con respecto a ti mismo. Ser ambicioso es bueno, pero siempre cuando se parta de un punto de aceptación y no se convierta en algo obsesivo. Hay que ser realista, aceptar nuestras limitaciones y defectos. Una vez los hayamos identificado y asumido con naturalidad, podremos empezar a trabajar en mejorarlos, con esfuerzo, tesón y constancia, pero sin obstinación.


domingo, 31 de mayo de 2020

La felicidad algunos la ven así...

 La felicidad algunos la ven así...

Todas las personas desean ser felices, esto vale para el presente, para el pasado y también para el futuro. 

Hay una cuestión importante en el tema de la felicidad, que es que cada uno entiende por felicidad algo diferente a los demás y quizás también algo común. 

En cualquier caso es un tema importante, siempre susceptible de análisis.

Algunos pensadores a lo largo de la historia la han visto y analizado de esta manera:

La felicidad o la infelicidad de un hombre no depende de cuántas propiedades tiene o el oro que gana. La felicidad o la miseria está en nuestro espíritu.                                                            

                                                                        Demócrito de Adera

 La felicidad consiste en hacer el bien.
                                                                         Aristóteles                                                       
Sólo hay felicidad donde hay virtud y esfuerzo serio, pues la vida no es un juego.
                                                                         Aristóteles
Hay que determinar, pues, primero lo que apetecemos; luego se ha de considerar por dónde podemos avanzar hacia ello más rápidamente, y veremos por el camino, siempre que sea el bueno, cuánto se adelanta cada día y cuánto nos acercamos a aquello a que nos impulsa un deseo natural”                                                                          
                                                                         Séneca
La verdadera felicidad no viene de fuera, brota del interior.
                                                                         Mahatma Gandhi
Es evidente que la felicidad depende, en parte, de las circunstancias y, en parte, de uno mismo.
                                                                         Bertrand Russell
Nuestro esfuerzo debiera, pues, tender, tanto en la educación como en las relaciones sociales, a evitar las pasiones egocéntricas y a la adquisición de afectos e intereses que impidan a nuestro pensamiento encerrarse perpetuamente dentro de sí mismo. Los hombres no son felices en una prisión,  y las pasiones encerradas dentro de nosotros mismos constituyen la peor de las prisiones. Las pasiones más corrientes son el miedo, la envidia, la sensación de pecado, el desprecio de sí mismo y la propia admiración. En todas ellas, nuestros deseos son egocéntricos; no existe un interés verdadero por el mundo exterior.                                                                                                                                                                   Bertrand Russell
Vivir es la suma dificultad. La sustitución del mundo por el paraíso es la más peligrosa tentación del hombre respecto a su felicidad.
                                                                          Julián Marías
Aquello a lo que se le dice “sí”, aquello con lo cual coincidimos, que sentimos como nuestra inexorable realidad, sin la cual no somos nosotros.
                                                                          Julián Marías
Cada uno es artífice de su propia felicidad.
                                                                          Enrique Rojas
El secreto de la felicidad no está en hacer siempre lo que se quiere, sino en querer siempre lo que se hace.
                                                                          León Tolstoi
Si quieres comprender la palabra felicidad, tienes que entenderla como recompensa y no como fin.
                                                                          Antoine de Saint-Exupery
La fuente de la felicidad se halla dentro de nosotros, en nuestra mente, y podemos acceder a ella siempre que lo deseemos. ¡Qué curioso que el hombre caiga en la misma trampa mental pese al paso de los siglos!. El bienestar emocional no se halla en logros externos, pero muchas veces caemos en ese error porque confundimos… ¡el bizcocho con las guindas! […] la felicidad no depende de logros o situaciones ideales, sino de nuestra salud mental.                                                         
                                                                          Rafael Santandreu
 El éxito no es la clave de la felicidad, la felicidad es la clave del éxito.
                                                                          Wayne Dyer
Hay mucha gente equivocada respecto a lo que constituye la verdadera felicidad. No se consigue con la ayuda de la gratificación personal, sino manteniéndose fiel a un propósito que merezca la pena.
                                                                           Hellen Keller
La suprema felicidad de la vida es saber que eres amado por ti mismo o, más exactamente a pesar de ti mismo.
                                                                           Victor  Hugo



Día Internacional de la Felicidad


El 20 de marzo se celebra el Día Internacional de la Felicidad

Resumen de prensa

¿Pero somos realmente felices?

Ser feliz es un concepto tan relativo como complicado. Si nos preguntamos realmente qué es ser feliz, cada persona responderá algo distinto. Y es que para alcanzar la felicidad hay un camino para cada individuo, dependiendo de cuáles sean sus aspiraciones. Hay para quien la felicidad es tener salud, vivir en pareja o tener una familia y hay para quien supone tener mucho dinero, un buen trabajo o éxito profesional. Todo es relativo y todo es respetable porque como se suele decir, hay para todos los gustos.

Sin embargo, los estudios revelan que hay un importante porcentaje de la población que no se considera feliz. Una sensación en la que intervienen numerosos factores de los que la frustración es uno de los más notorios. Y es que, ¿acaso sabemos hacer frente a la frustración? Seguramente la mayoría responda que no. Pese a ser una de las emociones más comunes, no sabemos controlarla y por consiguiente, tenemos una baja tolerancia a ella. 

Las expectativas no alcanzadas son el principal motor de esta frustración, que nos impide alcanzar la felicidad. Sin embargo disfrutamos de otras cosas que, pese a no figurar de forma consciente en el listado de nuestros objetivos a alcanzar, sí son logros que deberían hacernos sentir bien.

Normalmente la frustración está más presente en personas que necesitan tener todo bajo control y que en algún momento sienten que no pueden hacerlo, pero también en personas incapaces de soportar los momentos difíciles de la vida. Sin embargo, esto es algo que se puede frenar y controlar. ¿Cómo? Con paciencia y poniendo en práctica las siguientes cosas: Asumir que aunque deseemos que pase algo, no es una necesidad y no tiene porqué realizarse inmediatamente; reconocer la frustración y analizar el porqué de su aparición; asumir que hay cosas que se escapan a nuestro control y que no pasa nada grave por ello; concienciarnos de que nadie es perfecto, así que nosotros tampoco; y lo más importante, tener paciencia. 

Pero hay otros enemigos que impiden alcanzar la felicidad o el bienestar emocional,  y que no podemos perder de vista.

La psicóloga clínica Marina Bassas Vivó, miembro de Top Doctors,  los detalla:

Control emocional. Es imprescindible saber gestionar las emociones, tomando conciencia de que las personas somos mucho más que las diferentes emociones que experimentamos en determinados momentos, y de esta forma, conseguir que las emociones no nos esclavicen y dominen nuestra vida. Por ejemplo, cuando estamos enfadados y sentimos ira destruimos y somos capaces de hacer cosas que en un estado de relajación jamás hubiéramos hecho.

La ignorancia. Las personas inteligentes se tratan bien a sí mismos y en consecuencia tratan bien a los demás.

Los pensamientos negativos o creencias limitadoras. Hay que aprender a detectar los pensamientos automáticos de nuestra mente y no darles crédito. Debemos observarnos a nosotros mismos y ser capaces de tomar conciencia de estos pensamientos para bloquearlos y poder desarrollar unos pensamientos nuevos que nos permitan vivir una vida más libre y creativa. Evitar pensamientos como el del alumno que suspende matemáticas y piensa que jamás será un buen estudiante. Si lo piensa se dará cuenta de que, aunque no valga para las matemáticas, podrá valer en otras facetas de la vida. Por suerte no todos valemos para lo mismo.

El miedo. Es uno de los principales enemigos del ser humano, ya que nos paraliza. Cada vez que lo sintamos, podemos preguntarnos ¿qué es lo peor que me podría pasar si me atrevo a hacer aquello que deseo? Veremos que las consecuencias no son tan catastróficas como nuestra mente nos hace creer. Si además decidimos pasar a la acción, nos habremos dado el permiso de comprobar que rara vez se confirman nuestros máximos temores y, además, pronto descubriremos que somos capaces. El miedo se vence pasando a la acción y esto nos va a hacer que crezcamos en autoestima.

No saber perdonar. Debemos reconocer que todos, como seres humanos, podemos sentir y sentimos pereza, celos, rabia u otras emociones destructivas. El primer acto para mejorar pasa por el reconocimiento de dichas emociones y el perdón de las mismas. Así el perdón al otro nos resultará mucho más fácil. Dejar de criticar y juzgar ahorra mucha energía.

Aceptación. Debemos intentar transformar y mejorar todo lo que depende de nosotros mismos y aprender a aceptar las situaciones que llegan y que no depende de nosotros. Por ejemplo aceptar una ruptura por parte de la otra persona. La aceptación siempre entendida como un acto de madurez y no de resignación.

Reconocer las voces del EGO y la conciencia (al ángel y al demonio) Debemos aprender a reconocer a estas dos voces y saber desde donde queremos responder ante la circunstancia, desde nuestros instintos más básicos o desde los valores más elevados: como la misericordia o la empatía. Es una decisión personal.

Todos los expertos coinciden en que para ser felices tenemos que cambiar desde dentro. Un proceso largo y a veces complicado que empieza por eliminar la negatividad de nuestro interior y comenzar a ver las partes positivas de cada situación. A veces, abandonar la zona de confort y enfrentarse a los miedos puede ser el comienzo de este camino hacia el bienestar emocional.  

sábado, 30 de mayo de 2020

No estoy contenta con mi vida

Aparecía en la prensa en un consultorio psicológico la siguiente confesión de una mujer, que puede ser reflejo de un buen número de personas en nuestros días:

“No quiero, ni puedo seguir así. Últimamente me encuentro muy mal, no estoy contenta con nada en mi vida. No me gustan las relaciones con la gente, no sé relacionarme, nunca saludo a nadie. Creo que dejo pasar oportunidades y me arrepiento. Soy muy rara y tengo una personalidad que no me gusta, me detesto, detesto ser como soy. Me gustaría ser una persona normal que pueda vivir y disfrutar de todo. Quiero vivir la vida, pero por mis inseguridades y mi baja autoestima no puedo. Siento que todo el mundo vive, menos yo. Quiero cambiar y ser feliz, progresar”. Esto es una muestra de la vida en la infelicidad, que es bastante frecuente.


Le respondía en el mismo periódico con concisión una psicóloga a cargo del consultorio psicológico del periódico:
“La felicidad es un estado de bienestar subjetivo, que depende de cada persona. La sensación de bienestar aparece cuando valoramos la vida que tenemos como satisfactoria. En este sentido intervienen las interpretaciones que hacemos de lo que nos pasa y las emociones que tenemos en relación a la interpretación y a lo que nos pasa. Tanto las relaciones sociales como la imagen que tengamos de nosotros mismos van a determinar nuestro bienestar y por lo tanto, nuestra felicidad. Unas relaciones satisfactorias y una imagen positiva van a contribuir a sentirnos mejor y a nuestro bienestar”.
Conocerse y creer en uno mismo
Ya en los filósofos clásicos griegos y romanos aluden al hecho de que importa mucho más lo que tú piensas de tí mismo, que lo que los otros piensen de tí. E insistieron en la máxima: “Conócete a tí mismo”. En efecto tener una imagen positiva de uno mismo y tener también unas relaciones buenas y satisfactorias con los demás son dos ingredientes imprescindibles en la felicidad de una persona.

Para tener una imagen positiva de sí mismo es necesario tener un proyecto personal de vida, buscar y encontrar una vocación que llevar adelante. La fundamentación, las bases, las raíces, los motivos del proyecto personal que queremos alcanzar en la vida  los ha explicado con todo detalle Pedro Laín Entralgo en su libro Las Generaciones en la historia (1945) dice así
En la base de todo "proyecto personal" -la fracción posible de la autoproposición- se articulan en forma más o menos identificable los siguientes supuestos suyos: 1. La idea que el hombre tiene de sí mismo, inserta   a su vez en una idea-científica, vulgar, religiosa, supersticiosa, etc.-de la existencia humana, en una tácita   antropología. 2. La idea que del mundo y de su posible curso temporal   tiene   ese hombre: una Física, una Biología, una Sociología y una Historia rudimentarias o elaboradas. 3. La adscripción personal, el amor del hombre a su vida futura y posible; la intensidad de la "vocación" con que se siente "llamado" a hacer lo que proyecta. Estos tres supuestos del proyecto personal descansan a su vez sobre un último plinto de creencias-religiosas o pseudorreligiosas- constitutivamente necesarias para que la existencia humana no pare en el suicidio o en la desesperación absoluta”. 


El futuro es importante para todas las personas, también para las personas descontentas con su vida, y es sumamente necesario encauzar el futuro adecuadamente, porque no hay pena más profunda, que la de no encontrar más felicidad que la felicidad de lo pasado.